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REVISTA "SIEMPRE MAS ALLA..."

EDITORIAL

El motivo del lanzamiento de esta primera edición de la revista “Siempre mas Allá…”, nace como una necesidad de un  merecido homenaje al Héroe Nacional de Nicaragua, el General de Hombres y Mujeres Libres, Augusto César Sandino; así pues, la Fundación Augusto Nicolás Calderón Sandino, se honra en presentar un trabajo investigativo que hemos realizado, sobre la conspiración tramada contra nuestro Padre, Abuelo y Bisabuelo respectivamente en 1934, que concluyó con la fatídica noche del 21 de febrero de ese mismo año.

Hoy, que sus descendientes hemos sido muy afortunados de vivir en una nueva era para Nicaragua, deseamos rescatar la verdadera historia y relatar con la mayor fidelidad posible la gesta heroica de nuestro abuelo y su infame asesinato a manos de quienes nunca supieron que matando su cuerpo, solo liberaban ese inmenso espíritu que iluminaría a todo el Universo.

Tomando en cuenta que una de las mejores formas para que el pueblo y la juventud en particular tomen conciencia de esta gesta libertadora, es mediante el estudio de su vida y obra, que son parte de la historia ejemplar de Nicaragua, pues la figura del general Sandino ha trascendido las fronteras nacionales hasta alcanzar a nivel mundial dimensiones de símbolo y bandera de las luchas populares de los pueblos del mundo que combaten la opresión, la explotación y todo tipo de dominación extranjera.

Para nuestra familia, ésta sería la versión más acertada de cómo sucedieron los hechos históricos acontecidos esa noche fatídica del 21 de Febrero de 1934.

¿QUÉ ERA EN REALIDAD LO QUE CONCEBÍA NUESTRO ABUELO EN LAS RIVERAS DEL RÍO COCO?

DATOS BIOGRÁFICOS DEL GENERAL
AUGUSTO CÉSAR SANDINO:

Nace en villa “La Victoria”, hoy llamado Niquinohomo, el día 18 de mayo de 1895, como a las 11 de la mañana el niño Augusto Nicolás Calderón Sandino, hijo natural de Margarita Calderón Ruíz, de oficio doméstica y de Gregorio Sandino López acomodado agricultor, conocido también popularmente como el General Augusto César Sandino, el General de Hombres y Mujeres Libres. De niño, trabaja con su madre recolectando café en las plantaciones del Pacífico nicaragüense, a la edad de 17 años presencia los horrores de la intervención norteamericana y ve el cadáver del general Benjamín Zeledón (4 de octubre de 1912), antes de ser sepultado en Catarina. A los 21 años trabaja como ayudante de mecánica en la hacienda “El Ceilán”, propiedad de Pablo Jiménez Román, cerca de la frontera con Costa Rica. A los 22 años viaja a la Costa Atlántica de Nicaragua, y trabaja en las bananeras de esa región durante un periodo de tres años, regresando a Niquinohomo a principios de 1920.

A partir de 1923 trabajó en las plantaciones bananeras de Honduras y Guatemala, luego en México en la “Huasteca Petroleum Company”. Enterado de que nuevamente tropas norteamericanas habían intervenido en Nicaragua decide regresar en 1926, incorporándose a la llamada “Revolución Constitucionalista”, en contra del gobierno conservador de Adolfo Díaz Recinos. Inicia su lucha en el mineral de San Albino y el 2 de noviembre de 1926 da el primer combate en El Jícaro.

La lucha termina cuando el 4 de mayo de 1927, el General José María Moncada Tapia, en Tipitapa, llega a un acuerdo con el representante personal del Presidente Calvin Coolidge, Harry Lewis Stimson se conoce como el Pacto de El Espino Negro. El General Sandino no acepta rendirse, por eso el 4 de mayo es conocido históricamente como el “Día de la Dignidad Nacional”. Se marcha para San Rafael del Norte y el 18 de mayo contrae matrimonio con Blanca Stella Aráuz.

El 1º de julio de 1927, en San Albino, da a conocer su primer manifiesto político. El 16 de julio es el ataque a Ocotal. Se inicia la guerra de guerrillas. El 2 de septiembre se funda el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. En 1929 viaja a México por segunda ocasión. Por varios años realiza una heroica lucha contra el invasor imperialista que se retira el 19 de enero de 1933.

El 2 de febrero de 1933 llega a Managua, por la noche en Casa Presidencial firma con el Presidente Juan Bautista Sacasa Sacasa, el Convenio de Paz. En mayo visita Managua por segunda vez. El 20 de noviembre regresa a Managua para discutir los problemas que hay con la Guardia Nacional y su Jefe Director, General Anastasio Somoza García. En febrero de 1934, vuelve a Managua, el día 21 es asesinado por órdenes de Somoza García, junto con los Generales Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor y su hermano, Sócrates Sandino Tiffer.

Hasta 1944 los restos estuvieron sepultados en una fosa común en los patios de las cárceles de La Aviación, actualmente complejo “Ajáx Delgado” de la Policía Nacional. Cuando se produjeron los movimientos populares en contra de la dictadura somocista, fueron sacados, y trasladados algún lugar de Nicaragua.

LA ODISEA DEL GENERAL SANDINO:

En el periódico “La Noticia” del 24 junio de 1921 aparece el siguiente artículo, titulado “SANGRE Y RIFLES”, que dice lo siguiente: "Niquinohomo, junio 21 – El domingo hubo un incidente entre dos jóvenes de esta población. A la hora en que se celebraba el Rosario en nuestro templo, don Dagoberto Rivas P. después de discusiones ignoradas, dio una bofetada al joven Augusto Sandino, y este último hizo uso de su revólver y disparó sobre su agresor, habiendo el proyectil cortado la carnosidad del muslo, sin interesarle el hueso. Demás está decir que los dos señores son de consideración, advirtiendo que Sandino ha observado buena conducta y es comerciante honrado y de buenos modales. En la declaración del herido dice haber él ofendido primeramente a Sandino, lo que dio margen al suceso ocurrido”.

Acontecimiento ocurrido cuando Sandino hiere de bala a Dagoberto Rivas en Niquinohomo, por lo que se vio obligado dirigirse nuevamente a la Costa Atlántica: Después de un corto tiempo parte hacia Honduras, donde trabaja en compañía de su primo hermano Santiago Sandino, en varias empresas agrícolas de la costa norte. En 1921 se desempeña como bodeguero en el “Ingenio Montecristo”, de la “Honduras Sugar and Distilling Company”, establecido en La Ceiba, Honduras; en 1923, trabaja como jefe de cuadrilla de limpieza en el pueblo de Montecristo, La Ceiba, Honduras, ese mismo año se traslada a Quiriguá, Guatemala, en donde trabaja en las plantaciones de la “United Fruit Co.”.

Según hemos sabido hoy en día, Sandino estuvo también en tierras norteamericanas, esto lo podemos corroborar en el diario “La Prensa” de México, D.F., del día miércoles 3 de julio de 1929, en un reportaje titulado “LA VIDA AZAROSA DE SANDINO” (capítulo II), y bajo el sub titulo “SU ODISEA POR LOS ESTADOS UNIDOS”, que dice lo siguiente: “En 1923 llegó a la Republica Mexicana. Estuvo en Veracruz, en esta metrópoli y en las principales ciudades del norte, de las cuales cruzó la frontera y se interno en los Estados Unidos. Allí ocupó varios empleos, siempre de trabajo rudo, y aprendió el idioma inglés, en la forma “guachapiada”, en que aún lo habla. Como él mismo lo nombra. Pero en Nicaragua, lo extrañaban bastante. Sus hermanos lo recordaban frecuentemente, sus padres querían que volviera a su lado, y una linda niquinohomeña suspiraba también por él. En esta última vio don Gregorio el pretexto para hacer volver a su hijo y constantemente le refería los sufrimientos de la chica y los suspiros que lanzaba por su ausencia. A través de las cartas se hizo aumentar en Augusto el cariño por aquella chica. Y al cabo de tres años y medio, el que más tarde había de darse a conocer el mundo entero como un verdadero patriota, volvió a la tierra natal”.

Continua viaje hacia Tampico, Tamaulipas, México, en donde trabaja para la “South Pennsylvania Oil, Co.”. En 1925 obtiene trabajo en la “Huasteca Petroleum Co.”, en la refinería de “Cerro Azul”, Veracruz, México, como jefe del departamento de expendio de gasolina. Trabajaba en la “Huasteca Petroleum Co”. de Cerro Azul, México, cuando recibe la noticia del estallido de la revolución constitucionalista encabezada por el Dr. Juan Bautista Sacasa, resuelve trasladarse a Nicaragua, anheloso de contribuir a la liquidación del régimen bochornoso instaurado desde hace 18 años por los Chamorro, Díaz y compañía. Renuncia a su empleo en la “Huasteca Petroleum Co.”, el 6 de mayo de 1926. Es aceptada su renuncia el 15 de mayo. Inmediatamente después se embarca para Veracruz en el vapor "México" (16 de mayo), siguiendo hacia Guatemala por ferrocarril. Atraviesa Guatemala, El Salvador y Honduras, arribando a la ciudad de León el 30 de mayo de 1926, donde se le informa la prisión de su padre de filiación liberal militante, efectuada en Niquinohomo, su ciudad natal, por orden de las autoridades conservadoras.

Saturado del espíritu reivindicador que había venido alentando a la revolución plebeya mexicana, piensa en la necesidad imperativa de introducir un nuevo contenido social al movimiento iniciado en Nicaragua con objetivos netamente políticos, buscando para hacerlo el clima material propicio “Tuve conocimiento, dice, de la existencia en la Nueva Segovia de un asiento mineral importante que agrupaba a numerosos trabajadores, y allá marche comprensivo de que era en ese centro de aglomeración proletaria donde hallaría los elementos mejor dispuestos, las gentes mas arrojadas, audaces y resueltas para vehiculizar mi pensamiento”. Solicita un empleo en el mineral de “San Albino”, siendo aceptado sin reservas por la credencial meritoria que le significaba haber estado al servicio de una poderosa empresa norteamericana durante su prolongada estancia en México. Se emplea como asistente del pagador principal de la mina  San Albino, Nueva Segovia. “Obsesionado por el plan que me había conducido a San Albino. Olvide hasta de preguntar el monto del salario que habría de pagárseme por el cargo de almacenista que se me facilitaba, lo que supe al finalizar la primera semana en el desempeño de mi tarea: un dólar con veinticinco centavos diarios”.

Permanece dos meses en San Albino, tiempo suficiente para desarrollar su labor de captación y convencimiento, de resultados felices, ya que abandona el asiento minero acompañado por quince hombres jóvenes, decididos y jubilosos por la ancha acción en perspectiva. Con sus ahorros logrados en México adquiere ocho pistolas, dos rifles y algún parque para ambos, constituyendo esto todo su armamento. En actitud francamente rebelde marcha sobre la ciudad del Jícaro -después Ciudad Sandino- la que captura el 1° de noviembre, para ser derrotado y desalojado días después por una columna de trescientos hombres pertenecientes al ejército conservador. Seguido ya por 29 hombres se refugia en las montañas de Murra, reorganizando su pequeña columna, ya repuesto del revés inicial, decide dirigirse sobre la ciudad de Jalapa en la línea fronteriza con Honduras. Para tomarse la ciudad ordena a 26 de sus soldados penetrar en ella violentamente, quedando él en una prominencia de los alrededores con cuatro de los suyos, obligados a no cesar en un desorientador toque de clarines, haciendo consentir así a la guarnición de la plaza la creencia de que fuertes contingentes militares rodeaban el poblado. Ocupada fácilmente la ciudad, impone diversas contribuciones a prominentes líderes conservadores, con cuyo producto se embarca, siguiendo el caudaloso curso del rio Coco, acompañado de seis de sus más leales seguidores con destino a Puerto Cabezas, sede del Gobierno Provisional. En Jalapa, no hallo lo que más buscaba: armas.


Para entonces ya había estallado una revuelta liberal en la Costa Atlántica (2 de mayo), conocida como la Guerra Constitucionalista y marinos norteamericanos desembarcan en Bluefields para “proteger las vidas e intereses de los ciudadanos americanos” residentes en esa ciudad. El 24 de diciembre de 1926, los Yankees, declararon Zona Neutral Puerto Cabezas ordenando al Doctor Sacasa la evacuación del Puerto en el término de 48 horas por todo ejército constitucionalista y el retiro de elementos bélicos nicaragüenses que ahí hubiera. Al recibir la grosera intimación procedieron a desocupar aquella plaza los constitucionalistas en el escaso tiempo de la intimación. No pudendo llevar todos los elementos bélicos almacenados allí, gran cantidad de ellos fue arrojada al mar por los Yankees. La desesperante humillación dio lugar a que las fuerzas de Sacasa, dejaran abandonados 40 rifles y 7,000 cartuchos sobre la raya de costa entre Puerto Cabezas y Prinzapolca. Sandino con seis ayudantes, no quisieron dar un paso sin llevar con ellos los elementos abandonados. Con la ayuda de algunos nativos de la mosquitia, condujeron por tierra a prinzapolca, aquellas armas y el parque. Es así que logra terminar de armar al grupo de trabajadores del mineral de San Albino, con quienes ha realizado una labor de proselitismo político.

Cuando en 1927 el Gral. José María Moncada se encontraba sitiado por las Fuerzas Conservadoras, pidió apoyo a los muchachos Segovianos comandados por Sandino. ¿Qué molesto debe haber sido para Moncada haber realizado tal desesperada petición, después de haberle negado las armas y  humillado en Puerto Cabeza? Así fue; Sandino y sus muchachos fogueados a sus órdenes, salen de inmediato hacia Chontales en auxilio de Moncada el 13 de abril de 1927. Toma el poblado de San Ramón, departamento de Matagalpa el día 18 de abril; sigue avanzando hacia Chontales y Boaco, a la cabeza de  ochocientos hombres. Derrota a las fuerzas de Adolfo Díaz cerca de “El Bejuco”. Sandino ocupa el cerro “El Chiflón” el 30 de abril de 1927. Ocupa el cerro de “El Común”, en el departamento de Boaco el 2 de mayo de 1927, no solo fue luego a derrotar al Ejercito sitiador de la columna de Moncada, sino que tomo todo su cuartel general con varios miles de rifles y muchos millones de cartuchos, con lo que tenia de sobra para equipar perfectamente a todo su ejército, ya bastante numeroso. Moncada se sintió tan sorprendido por esta acción del Gral. Sandino que no pudo disimular las intensiones que pretendía para deshacerse de él; pero la trama no dio resultado y quedo descubierta al poco tiempo. El despecho de Moncada fue creciendo al ver que parte de sus soldados se incorporaban a las columnas de Sandino vitoreándolo y algún tiempo después sucedió aquel acontecimiento que retrata a Moncada en toda su desnudez moral, vendiendo la libertad nicaragüense en el “Pacto del Espino Negro” de Tipitapa.

Desde aquella fecha el héroe de las Segovias siguió combatiendo al invasor solo, animado por su Espíritu recto de patriota y de heroico jefe. No había en él para ese entonces otro pensamiento que el de la liberación de su querida Patria de los invasores, haciendo una Nicaragua libre y soberana, con nuevas orientaciones fraternales y hacer de Nicaragua un País feliz y respetado mundialmente. Bien sabia que nada podía esperar de la desencantada “Liga de las Naciones Ginebrina", la que nunca cumplió con su deber de protestar aunque siquiera una sola vez de la injusticia e ilegal intervención norteamericana en Nicaragua.

Comprendía perfectamente cuál era la tarea que le correspondía realizar a los propios hijos nativos, conquistar o mejor dicho: reconquistar esa soberanía nacional. Desde ese momento formó el EDSN de Nicaragua, cuya Jefatura Suprema fue asumida por el propio general A. C. Sandino.

La prensa daba informes con bastante frecuencia de los hechos heroicos realizados por ese Ejercito Defensor, que no obstante sus recursos muy limitados tuvo a raya al invasor y a la GN asalariada por el enemigo, consiguiendo al fin, después de más de siete años de lucha, que el invasor abandonara el territorio patrio después de haber intervenido el Dr. Juan Bautista Sacasa. Entonces el héroe hizo otro sacrificio muy grande sabiendo que su patria peligraba de una nueva invasión si la guerra interna continuaba. Ofreció entonces la paz leal y noblemente al Gobierno de Sacasa, a ello se vio precisado por una proposición que le había sido hecha de parte extraña (Inglaterra) de armamento y efectivo, para mantenerse levantado en armas, comprendiendo luego la malévola intención de aquella parte interesada de que en Nicaragua siguiera un estado de revolución, endémico, que le diera la justificación anhelada para intervenir nuevamente y que esta vez peligraba hasta la soberanía o media soberanía de su patria. No vacilo un solo instante ante tal peligro, en sacrificar sus anhelos de mayores beneficios, bajo un Gobierno de principios fraternales, de igualdad de derechos y obligaciones; el comprendió que en aquellas circunstancias era necesario hacer ese sacrificio. La paz se firmo el 02 de Febrero de 1933, un día después declaró: “Quiero la paz en Nicaragua y he venido a hacerla” declaró a LA PRENSA el 3 de febrero de 1933  y se retiro con sus hombres a las montañas segovianas, dándose seguidamente a la tarea de organizar una “Comuna Universal y Fraternal” entre los combatientes sandinistas que habían regresado a ser obreros, agricultores, mineros e industriales a fin de que el trabajo honrado pudiera ganar su subsistencia sin ser peligroso en lo más mínimo al país que tanto amaba, creando luego nuevas fuentes de riquezas, como lo hizo sembrando plátanos en extensos terrenos de las llanuras de las Segovias, para exportarlo al extranjero, emprendiendo la explotación de minas de oro que por las Segovias existían en abundancia, con el lavado de arenas auríferas del río Coco.

En conversaciones que sostuvo con el periodista español Ramón de Belausteguigoitia en Febrero de 1933 le manifiesta lo siguiente: “Yo soy partidario más bien que la tierra sea del Estado. En este caso particular de nuestra colonización en el Coco, y me inclino por un régimen de cooperativas”. Era luego la conformación de una Comuna Universal de halagadoras promesas para todos sus componentes; se construyeron casas modestas pero higiénicas y cómodas para las familias de los colonos, los que recibían instrucciones sabias sobre las doctrinas de la

Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal (EMECU) de la cual el propio general era su Director, que el mismo les impartía clases con todo amor fraternal, tratando a todos como hermanos, siendo respetado y querido como un patriarca, padre de todos para todo; no había dinero; la Comuna Universal da todo y se estaba sacando oro de las arenas de un modo primitivo, a lo gambusino, mediante el lavado de arenas auríferas. Como prueba de que todo marchaba bien ya el representante de nuestro abuelo en México el Dr. Pedro José Zepeda había sido comisionado para ir a Estados Unidos a arreglar la venta de cargamentos de plátanos y la compra de maquinaria para las minas y de lavaderos de las arenas auríferas, cuando se perpetro el infame crimen que sublevo a todo hombre honrado de la época.

El hecho de que nuestro abuelo formara una "Comuna Universal" en Wiwilí (cooperativa), tras entregar las armas y firmar la paz, constituye la evidencia más palpable de su más grande sueño, la creación de la Comuna Universal en Wiwilí tenía como objetivo principal la creación de un Paraíso Terrenal, que se convirtiera en un prototipo que pudiera ser copiado y reproducido por el mundo entero, y lo interpretó como un paso hacia el proyecto de redención mundial de los pueblos oprimidos.

¿CÓMO MATARON A NUESTRO ABUELO?

En los días que mediaron desde el 9 de Diciembre de 1933, en que nuestro abuelo se regresó al campamento “Luz y Sombra” en Wiwili en su tercer viaje, hasta el 16 de Febrero de 1934 que vino Managua para no volver. Nuestro abuelo celebraba incansables y emotivas reuniones con todos y cada uno de sus compañeros de lucha. El 15 de febrero de 1934, como de costumbre hizo formar su tropa y se dirigió a ella, pero esta vez de manera más efusiva, expresándoles siempre ideas definitivas y claras de su justa lucha, había entre nuestro abuelo y sus jefes que lo acompañaban un afecto muy especial que los unía; solo así se explica que le hubieran seguido en aquel lamentable estado de privaciones. Esta unión debía tener tales caracteres, desde luego que en el campo contrario no esperaban sino la muerte y tenían de ello una profunda convicción, hija de las más dolorosas experiencias. Varios fueron testigos de las intimidades de esa despedida, cuando nuestro abuelo reunía a todos sus generales en un cuarto separado y al rato se veía salir a cada uno de ellos limpiándose las lágrimas.

Aquellos rudos hombres, que no temblaban ante nada, lloraban por el fatídico viaje a la Capital, en especial del hombre más fiel a su causa revolucionaria, el General Pedro Altamirano  (Pedrón), un hombre de carácter áspero y de facciones grotescas, pero valiente hasta el salvajismo había fracasado en su perorata persuasiva, suplicándole que desistiese de su viaje a la capital. Cuando se despidieron ambos hombres, nuestro tío abuelo Pedro Antonio Arauz Pineda nos aseguraba que ésta fue una de las pocas veces que se le había visto llorar como a un niño. Era sin duda, el último adiós de dos generales revolucionarios.

Por su parte el jefe director de la Guardia Nacional Anastasio Somoza, cumplía años en esos días y le hacían inacabables fiestas, porque la Guardia es la que más fiestas daba en Nicaragua a costa del pueblo que pagaba los impuestos y se quedaba sin comer. Pues bien, tales fiestas se prolongaban tanto, que alcanzaban toda la semana y le llamaron “La Semana Somoza”, como si se tratara de una señorita. Fue en uno de esos días de fiesta, que un diario de Managua llamado “La Noticia”, publico entre las crónicas de agasajos de “La Semana Somoza”, una larga serie de atentados de la Guardia Nacional en muchas partes del país. Pero como el que tiene las armas en la mano, cuando está acostumbrado a irrespetar la opinión pública y al qué dirán, por un oído le entra y por otro le sale, aquellas denuncias, como tantas otras, pasaron como si no se hubieran hecho.

En estos días se suscitó un cambio de conceptos opuestos respecto de la Guardia entre el citado diario y el Jefe Director de aquel cuerpo armado. Con este motivo, en editorial del 6 de Febrero de 1934 dijo el director de “La Noticia”. El Licenciado Juan Ramón Avilés: “No soy enemigo de la Guardia Nacional, únicamente quiero que sea una institución útil a la Patria, al orden, al Gobierno y al pueblo. No soy ni puedo ser enemigo del general Anastasio Somoza, Jefe Director de la Guardia. Como amigo le digo lo que no le van a decir a él, porque unos lo ven poderoso y se acercan para quedar bien y obtener algo, y otros temen decir en voz alta lo que todo el mundo repite por lo bajo.

Eso que dicen es lo siguiente, entre otras cosas: Que en estos momentos, Sandino está dejando de ser el problema militar del país, y que la Guardia Nacional se está convirtiendo día a día en el verdadero problema de la paz nacional. Que la Guardia es la que tiene a su cargo mantener la paz material del país; pero también tiene la obligación de mantener la paz moral. Que la Guardia Nacional debe prestigiar al Gobierno y que los detalles el encarcelamiento del subsecretario de Relaciones y lo ocurrido al subsecretario de la Guerra, están demostrando que Nicaragua está cayendo en las garras de un militarismo que socava la confianza pública en Nicaragua. Que de los oportunistas de todo tiempo se acerquen a quien ven con poder y con dinero, sea jefe militar o ministro de Hacienda, para quedar bien con él, en esperanza de favores, agitando ante ellos el incensario político. Tengo  la esperanza de que el general Somoza hará por su parte todo cuanto esté para que el Reglamento de la Guardia Nacional se reforme, dando al Ejército lo que es del Ejército, o a la Constitución lo que es de la Constitución, a la Policía lo que es de la Policía”. Así era el ambiente de esa época de Febrero de 1934. He querido señalar con ellas, como en un índice, cuál era la posición de nuestro abuelo y la de la Guardia Nacional cuando esta lo asesinó.

Fue precisamente en esos días que “La Noticia” publicó un artículo, donde la Guardia Nacional hacía todo un aparato de avance bélico hacía el campo de Wiwilí, donde estaban las tropas del Gral. Sandino; y como una muestra del terror impuesto por este cuerpo armado, aun en la propia capital, el mismo periódico dijo que: “El  Garrobo”, lugar de las Segovias donde vivía el Gral. Pedro Altamirano, y donde la Guardia Nacional hizo una masacre de inocentes, podía repetirse en cualquier parte de Managua; con lo cual daba a entender que la Guardia podía soltar a muchos Pedrones en la misma capital de Managua.

Sin embargo el verdadero motivo del viaje de nuestro abuelo a Managua era el de constituir una Compañía Anónima minera para trabajar allá en las regiones de Wiwili en la conformación de una Comuna Universal, se sabe que entre sus cosas llevaba barras de oro que quería mostrárselas al Dr. Sacasa. Estaba convencido de haber encontrado una buena veta de oro, cerca de la comuna en Wiwilí; y con ánimo de ayudar a sus viejos compañeros de lucha se dedicaría a hacer planes para formar una mina en cooperativa en esa región.

Llegan a Managua el 16 de Febrero los generales Augusto C. Sandino, Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor, el padre del guerrillero Gregorio Sandino, su hijo el Coronel Sócrates Sandino, un joven militar llamado Juan Ferretti y el ayudante de nuestro abuelo, el Cnel. Santos López. Todos se hospedan en la casa del Ministro Prof. Don Sofonías Salvatierra.

En Managua el Presidente Juan Bautista Sacasa los invitó a almorzar en Casa Presidencial. Hacían compañía don Salvador Calderón Ramírez (residente en México) a quien se le había mandado a llamar para que sirviera de asesor y el general Horacio Portocarrero, amigos del general Sandino y delegados suyos en las conferencias de paz, quienes habían llegado a Managua hacía unos pocos días. Ellos habían ido al campo de aterrizaje a dar la bienvenida al General. Los periodistas se entrevistan con nuestro abuelo quien les reafirma nuevamente: “...que la Guardia Nacional es inconstitucional y por eso no le entregaría nunca sus armas...” noticia ésta muy desagradable para el Jefe Director de la Guardia Nacional el Mayor Gral. Anastasio Somoza García, pero quién no le demostró hostilidad alguna, ya que tenía otros planes maquiavélicos para el ex guerrillero.

El Presidente Sacasa ofrece otro banquete el sábado 17 de febrero a los principales generales sandinistas. Todo fue muy cordial que hasta nuestro abuelo y Somoza se abrazaron y se tomaron famosas fotos poniendo ambos sendas dedicatorias.

El domingo 18 de Febrero, en la noche, estaba nuestro abuelo en la Casa Presidencial y llegó en ese momento el general Somoza, había por allí un ejemplar del periódico “La Noticia”, de ese día, cuyo editorial ponía de acuerdo a Sandino con el jefe de la Guardia en cuanto a la constitucionalización de ese cuerpo militar. Se leyó el articulo y Sandino dijo: “Esta bien; ahora solo falta que esa unión sea de modo que no se olvide que la desunión la pueda aprovechar nadie en contra del país”. Inmediatamente abrazaron a Sandino al oírle hablar así. Ya el general Somoza lo había abrazado pocos momentos antes al encontrarse. Ese mismo día se cruzaron dos cartas convenidas entre el Presidente y el general Sandino, en que se fijaban la forma de cumplir con las garantías ofrecidas. La del general Sandino, que fue la primera, redactada por él mismo en la Casa Presidencial.

Nuestro abuelo el día lunes 19 de febrero envía otra nota al Presidente Dr. Sacasa: reiterándole que la Guardia es inconstitucional. La cuestión a resolver, casi única, pero que era fundamental y legal y que por lo mismo no constituía una exigencia, era la manera como el Presidente se pondría en condiciones de hacer efectivas las garantías ofrecidas. En esas pláticas de paz nuestro abuelo exige garantías para los combatientes que pelearon defendiendo la soberanía nacional mancillada por los invasores y apoyados por algunos traidores y entreguistas nicaragüenses. Nuestro abuelo en forma clara le decía al Presidente Sacasa: “la Guardia los está aniquilando a pesar de haber un compromiso de alto al fuego y respeto mutuo, pero si esto continúa volverán a coger las armas los combatientes”.

Mientras se verificaban las conferencias, los reporteros de los periódicos asediaban a nuestro abuelo pidiéndole entrevistas. Algunos de esos reporteros tenían el propósito de producir sensación en interés de la venta diaria y así no cuidaban de la exactitud de los conceptos vertidos por él, ni de escribir todo lo que les decía. El interés era presentar el choque entre Sandino y la Guardia, lo cual le daba  sensación a las ediciones. Nuestro abuelo les decía, por ejemplo: “Muchos me invitan a la revolución y yo digo que el que quiera guerra, que la haga; la paz es necesaria al país y no seré yo quien la altere. Oigo hablar aquí de gente sin trabajo. Me río de eso, cuando allá está la riqueza en las manos; hay que irse a aquellas montañas a recogerla”; pero esto no lo publicaban. Pero si hubo un periódico que publicó que Sandino había dicho que en Nicaragua existían tres poderes: “el Gobierno, la Guardia y él”. Cuando eso salió publicado dijo: “No vuelvo a darle reportaje a ese, que ponen las cosas como le gustan”. Nuestro abuelo mal podía expresar tales palabras, cuando en las entrevistas con el Presidente le decía: “Yo no tengo que ver en que haya Guardia Nacional o no, ni en las personas que la dirijan; yo mismo como ciudadano que soy, estoy obligado a pagar los impuestos para mantener el ejército o la Guardia, o como se llame; lo que quiero únicamente es que se nos den las garantías constitucionales y que se constitucionalice la Guardia”. Por constitucionalización de la Guardia, nuestro abuelo lo que quería dar a entender es que el Presidente de la República, como Comandante General, la mandara directamente y de verdad.

El Gral. Sandino fue el día martes 20 de febrero nuevamente a la Casa Presidencial con sus asesores y los del Dr. Sacasa representado por el Dr. Leonardo Arguello Barreto, Ministro de Relaciones Exteriores. El Gral. Sandino en presencia del Ministro Diplomático norteamericano Arthur Bliss Lane dijo a los periodistas algo que no le gusto al diplomático Lane: “A los Estados Unidos le gustaría sacarme de la región del río Coco, a fin de que la tierra allí pueda caer en manos norteamericanas y servir como fuente de abastecimiento alimenticio en caso de una guerra”.

El miércoles 21 de Febrero se hizo público el arreglo de la cuestión segoviana y los diarios pidieron copias de las cartas para publicarlas. De la Casa Presidencial consultaron al general Sandino de su opinión y este contestó que no veía inconveniente en darlas. Tenía dispuesto ir al otro día a Niquinohomo a ver a su mamá y en la tarde fue a la Casa Presidencial a verificar una gestión a favor de su amigo el doctor Escolástico Lara. Se le facilito un automóvil de la secretaría de Agricultura y poco después de las cinco de la tarde llegó acompañado del propio señor Lara, de su padre don Gregorio y de los generales  Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor. Pocos minutos después salió el Presidente y en torno de Sandino se hizo una rueda de amigos distinguidos, el héroe segoviano hablaba con buen humor; refería episodios de guerra constitucionalista, que todos oían con agrado por la manera interesante con que se expresaba. El Presidente lo invitó a comer y todos fueron a la mesa, menos el doctor Lara, quien tenía urgencias profesionales. En la mesa, Sandino estuvo siempre alegre y decidor. Observando bien, decía, “hemos adelantado mucho, porque antes los presidentes salían del poder para el destierro, y ahora todos están aquí: don Bartolo, el general Moncada, el general Chamorro. Solamente don Adolfo Díaz no está, pero no porque nadie se lo impida”.

Mientras los Generales Sandinistas cenan pacíficamente con el Presidente Dr. Juan Bautista Sacasa, confiándose de la Paz firmada días antes con el Presidente Sacasa y los Políticos. En la oscuridad de la noche los implicados en el complot finalizan sus últimos pormenores. Terminada la comida, hablaron de la formación de una compañía para explotar lavaderos de oro en la región del Río Coco; se trazaron sus bases y la escritura pública de sociedad la iba a autorizar el doctor Alejo Icaza Icaza el día que regresara de Niquinohomo el general Sandino. Serían las diez de la noche cuando salieron de la Casa Presidencial. El doctor Sacasa despidió al general Sandino con un abrazo; el general Portocarrero que estaba allí lo mismo el señor Calderón Ramírez, fue invitado por Sandino para que lo acompañaran, pero manifestó, conjuntamente con el presidente, que se quedaba para esperar al general Somoza con quien arreglarían los detalles de sus futuras funciones de delegado del Ejecutivo en las Segovias, pues él era el designado de acuerdo con el arreglo convenido. El doctor Federico Sacasa, hermano del Presidente, con toda amabilidad fue a despedirlo hasta la puerta de la salida y entraron en el auto: en la parte posterior, el general Sandino, Don Gregorio Sandino (Padre de Sandino) y el Ministro de Agricultura y del Trabajo Prof. Don Sofonías Salvatierra, en la parte anterior, con el chofer, los dos ayudantes generales Estrada y Umanzor.

Descendieron de la loma de Tiscapa, altura en que esta la Casa Presidencial, sin ninguna novedad, hasta que llegaron hasta el píe de la colina donde estaban las garitas del Campo de Marte, en una de las cuales, en la del Hormiguero, en un trecho en que las luces no disipan la oscuridad, el auto fue detenido por un pelotón de 15 guardias dirigidos por el Tnte. Lisandro Delgadillo quien fingiendo ser alistado gritaba “Párese este carro, el  que levante las manos lo tiran, repitió tres veces; todos a tierra”. Se bajaron y todos entregaron sus pistolas, menos don Gregorio y Sofonías porque no andaban, mientras tanto el Sargento Emilio Canales con una ametralladora Thompson simula arreglar un carro.

La Sta. Maruca Sacasa Arguello, hija del Presidente Sacasa, venía en otro automóvil detrás de Sandino y fue testigo de su detención. Diciéndoles a los militares de que el general venía de cenar con su padre; al comprobar que era inútil, volvió a Casa Presidencial a informar al Presidente Sacasa. Preocupado el Dr. Sacasa inmediatamente llamó al Campo de Marte, pero sus llamadas por órdenes del Gral. Somoza, no fueron atendidas.

Momentos después entró un pelotón de guardias y el jefe que lo comandaba, dijo dirigiéndose a Sofonías: “Usted y el señor Sandino (don Gregorio) quedan aquí hasta segunda orden y los otros van con nosotros”. A lo que este le pregunto, que si eso era orden del Presidente. Esta pregunta tenía por objeto recordarles la autoridad del comandante general, que la estaban haciendo pedazos. Al oír esto Sandino dijo: “No, es orden militar y esa se acata inmediatamente” y rompió la marcha sin tardanza seguido de Estrada y Umanzor. Don Gregorio y Sofonías quedaron siempre de pies en medio del patio. Al rato un guardia les llevó asientos.

En las cárceles del hormiguero dejan a Don Sofonías y a Don Gregorio, al resto se los llevan en un camión con destino desconocido. Mientras tanto los militares Policarpo "el Coto Gutiérrez”, López Barrera y Davidson Blanco toman como cuartel el Campo de Aviación, próximo a la casa de Salvatierra quienes después de rodearla la ametrallan durante 15 minutos en forma indiscriminadamente, muriendo peleando en el operativo el Coronel Sócrates Sandino que no había ido a la cena y un niño inocente, criadito de don Sofonías que jugaban en la puerta principal, resulta herido el yerno del Ministro Salvatierra Sr. Rolando Murillo. Lograron escapar por la parte de atrás de la casa al terminársele el parque, el Coronel Santos López quien resulta herido en el intercambio de disparos y el Capitán Juan Ferretti que andaba de visita en el Hotel Anaya y llegaba al lugar de los hechos, huye a Costa Rica donde posteriormente dio declaraciones sobre los hechos.

Mientras tanto, en el camión GN #1 el capitán Lisandro Delgadillo y Carlos Eddy Monterrey con diez alistados llegan a su destino a la parte Oriental del Hospicio Zacarías Guerra, en un lugar desolado llamado "Campo la Larreynaga". En los últimos momentos de su vida el Gral. Sandino, de pie, con las manos en los bolsillos, dicen que opinó: "Mis líderes políticos me embaucaron".

Se dice que el Cptn. Lisandro Delgadillo, debía dar la orden, pero tuvo un escrúpulo por ser hermano masón de Sandino, no quiso presenciar la masacre, poniendo en manos del Subteniente Carlos Eddy Monterrey el mando del pelotón, pero disparando Delgadillo al aire en señal que autorizaba a éste a hacer fuego. Una bala penetró en la cabeza del héroe y otra en el corazón, el resto de los generales recibieron una lluvia de balas. (Ya muertos a Sandino le quitaron parte de su ropa, su reloj, una leontina de oro y un anillo de brillantes). Mientras tanto en la prisión "El Hormiguero" su padre Don Gregorio Sandino al escuchar los disparos dijo: "....Ya los están matando. El que se mete a redentor, muere crucificado...."

Eran las 2:15 de la madrugada del 22 de Febrero de 1934. Al llegar el camión con los cadáveres de la masacre donde Salvatierra, todos juntos fueron arrojados a una fosa común en las cercanías del Aeropuerto Xolotlán. Años después durante la revolución de 1979-1990 se buscaron los cadáveres pero no fueron encontrados. Se sepultaron los cuerpos de los generales Augusto César Sandino, Juan Pablo Umanzor, Francisco Estrada, Sócrates Sandino y un niño inocente. Levantó el acta el Teniente Domingo Ibarra Grijalba en su carácter de Oficial de Leyes de la GN. (Grijalba años más tarde escribió el libro "Sandino o el calvario de la Segovias", pero Somoza lo expropio y lo hizo suyo como el autor).

TESTIMONIO DEL PADRE DE SANDINO: DON GREGORIO SANDINO LÓPEZ

En un documento inédito para el pueblo Nicaragüense mi bisabuelo el Sr. Don Gregorio Sandino López, hizo pública su versión sobre los trágicos acontecimientos sucedidos la noche del 21 de febrero de 1934, a pesar de existir la más estricta censura en Nicaragua en todos los órdenes de comunicaciones para evitar que el mundo supiera cómo fue asesinado el Gral. Sandino. El “Panamá – América” logro obtener días después exclusivamente copia literal de su declaración. El Documento al cual nos referimos dice textualmente lo siguiente: “En la ciudad de Managua a las doce y quince minutos de la tarde del día 24 de Febrero de mil novecientos treinta y cuatro presente el Señor Gregorio, casado, mayor de edad, agricultor del departamento de Managua.

Ante el Capitán Joaquín Rivas S., Guardia Nacional, Presidente del consejo de investigación nombrado por el Jefe de División de la Guardia Nacional, en relación con los deplorables hechos ocurridos la noche del veintiuno de febrero del presente año.

Previo juramento declara que el veintiuno de Febrero de los corrientes venimos aquí a la Casa Presidencial mi hijo César Sandino, el Ministro Salvatierra, el General Juan Pablo Umanzor y el General Francisco Estrada, de haber arreglado lo pertinente a una Compañía Minera Nicaragüense para explotar el oro en Wiwili, invitó al señor Presidente para que nos quedáramos con él y su familia, cómo a las diez de la noche, poco más o menos, dispusimos irnos para la casa del señor Salvatierra donde estábamos hospedados, pensando ir al día siguiente para Niquinohomo lugar de nuestra residencia y de vuelta pasar firmando las Escrituras de la Compañía Minera Nicaragüense y enseguida mi hijo César y sus compañeros cuando íbamos enfrente del portón del Campo de Marte que estaba frente al Colegio de los Hermanos Cristianos nos sorprendieron de pronto como diez o más guardias nacionales con ametralladoras diciéndonos que no nos moviéramos, porque el que se moviera era hombre muerto.

Entonces mi hijo César Augusto y los demás que íbamos, no me fijé si el señor Salvatierra hizo lo mismo, levantamos las manos y mi hijo César Augusto ordenó que dejáramos que ellos quitaran las armas, porque él no ensuciaba sus manos, y así fue que ellos las quitaron. A continuación ordenaron que echáramos pie a tierra, todos menos el chofer quien quedó en el carro y entonces los guardias quitaron dos maletas pequeñas que llevábamos en el carro y nos condujeron al Hormiguero o cuartel.

Estando allí nos pusieron a todos en fila y prepararon todos las ametralladoras las pusieron bala en boca, apuntándonos y entonces mi hijo César Augusto les habló a los guardias diciéndoles: Dígale por, teléfono al General Somoza que porque me manda a fusilar, pues yo los quiero a todos Uds. como a mis hermanos, pues son Nicaragüenses y yo también y luché por sacar al invasor o  interventor y cuando logré que hubieran desocupado el país vine hacer la paz y ahora estoy haciendo o formando una compañía anónima minera para ir a trabajar allá en las regiones de Wiwili, para que, tengamos oro y tengamos trabajo para todos los que quieran irse a trabajar allá, pues aquellos minerales son muy riquísimos, dígale más que él me ha declarado que es mi amigo, pues así me lo demostró cuando me fue hacer un visita a casa del Ministro Salvatierra y yo correspondí igualmente yendo a su casa a pagarle la visita cambiando retratos con dedicatorias y otras cosas más que hace como cinco días que nos encontramos en casa Presidencial, yo le daba la mano y él me dijo que no era la mano sino un abrazo fraternal y acto seguido me abrazó fuertemente diciéndome que los dos estaban identificados para conciliar la paz en Nicaragua y trabajar por la prosperidad de ella.

El Teniente López que era el que estaba con nosotros, le obedeció y fue al teléfono y después que habló con Somoza llego donde estábamos parados y ordenó que el Ministro Salvatierra y yo quedáramos parados en el mismo lugar y que Augusto, Estrada y Umanzor fueran conducidos para la puerta de salida y quede escuchando el ruido como caminaban con dirección al Oriente como quien va para la iglesia del Perpetuo Socorro. Que a continuación nos brindaron asiento al señor Salvatierra y a mí, allí en el patio donde estábamos parados, pero a continuación volvió el Teniente López solo que venía muy fatigado, quitándose la corbata y diciendo que había corrido como siete kilómetros. Cuando se oyeron los primeros disparos al lado Oriente le dije al señor Ministro Salvatierra, “están fusilando Augusto, Umanzor y Estrada ese fue mi presentimiento, a continuación oí la segunda disparadera y entonces dije “están matando a Sócrates a Ferretti y al Coronel Santos López” y cuando en medio de la excitación nerviosa estaba dije: pero no importa, ya mis hijos cumplieron con su misión que era lo que tenían que cumplir y yo les había dicho que el que a Redentor se mete, crucificado muere y que no esperaran recompensa alguna”.

Enseguida llegó el Ministro Americano (Mr. Arturo Bliss Lane), como a la una y media de la noche allí al Hormiguero y nos saludó diciéndonos que llegaba a sacarnos y cuando salíamos dijo el señor Ministro Salvatierra al Teniente López, que si íbamos libres o íbamos presos, todavía; a lo que él contestó que estábamos libres; entonces el señor Ministro Americano, nos monto en su carro y nos llevó a la Legación Americana (Embajada Norteamericana). Después que nos brindo asiento nos preguntó como había ocurrido y yo se lo referí a él así como lo estoy declarando a Uds., entonces el señor Ministro Salvatierra le pidió permiso para hablar por teléfono con la casa Presidencial y el señor Ministro Americano, procedió gentilmente dando el aparato telefónico para que hablara, entonces el señor Presidente le dijo que nos fuéramos para la Casa Presidencial.

En vista de eso el señor Ministro Americano nos brindó su carro y acompañado por él y su secretario Mr. Damels vino a dejarnos, aquí quedamos hasta la hora en que nos han atendido, tanto el señor Presidente como su apreciable familia y los amigos que nos han venido a visitar. Interrogado al señor Gregorio Sandino si reconocía a alguno o algunos de los guardias que los capturaron en el Portón frente al Campo de Marte contesto: “el que nos aprendió era un cabo porque así me lo dijo el señor Ministro Salvatierra por la insignia que portaba sin llegar a saber su nombre ni numero”

Preguntado el mismo señor Sandino si ya en el Hormiguero reconoció algún guardia u oficial contestó: “que reconoció a un Teniente López porque así lo llamaban sus subalternos que no le supo su nombre, pero que no es el Teniente López de Jinotega porque a este él lo conoce.”

Preguntando si fue maltratado por la guardia en su persona contesto: “que nadie le maltrató y que más bien fue tratado con consideración durante su permanencia en el Hormiguero”.

Días después del asesinato de los generales Augusto C. Sandino, Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor y Sócrates Sandino; el Gral. Anastasio Somoza García ordena a la aviación y a la GN que se encontraban muy cerca de ese lugar, atacar y arrasar el Campamento Agrícola y Minero de Sandino en Wiwilí llamado "Luz y Sombra". Ahí había centenares de campesinos reconcentrados por Sandino junto con sus mujeres e hijos al frente del Coronel Abraham Rivera Rivera y el Gral. Ramón Raudales. El ataque fue una terrible carnicería con un saldo de más de 300 familias asesinadas. El Coronel Abraham Rivera Rivera y el Gral. Ramón Raudales logran evadir el cerco y salvar sus vidas.

La Guardia Nacional con 500 efectivos durante varios meses se dedicó a "limpiar" la zona donde operaban las fuerzas sandinistas. Los “valientes pacificadores” estaban al mando del Coronel Rigoberto Reyes, Mayor Alberto Baca, Capitán Hermógenes Prado, Teniente Edmundo Delgado (Juan Matagalpa), Teniente Rodolfo Dorn y otros de menor rango. Seguido de esta matanza, el Gral. Somoza había ordenado a sus subalternos que ejecutaran al instante a todo sandinista que topasen en cualquier lugar y lo mismo a todos aquellos que les ayudasen dándoles refugio y comida.

El campamento de Sandino fue saqueado por la Guardia Nacional, quienes se apoderaron de gran parte de los Archivos del Ejército de Sandino y estos más tarde fueron utilizados en el libro que el Teniente Grijalba le hizo a Somoza en 1936, llamado: "El Verdadero Sandino". (Toda la documentación capturada por la Guardia entre (1927-1932), fue llevada a los Estados Unidos cuando los "Marines" desocuparon Nicaragua y actualmente se encuentran en la "Sección de Documentos Navales de los Archivos Nacionales en Washington" y en los "Archivos del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos en Washington", muchos de estos documentos han sido publicados también en "Marine Corps Gazette" y en los llamados "Papers Relating to the Foreing Relations of the United States", y pueden ser vistos en la actualidad en una página de Internet llamada “The Sandino Rebellion in Nicaragua 1927-1934”, (http://www.sandinorebellion.com), cuyo propietario el Profesor Michael Schroeder, nos ha autorizado a hacer uso de esos documentos.

Según relatan nuestros familiares, a pocas millas del campamento días más tarde de la masacre, el coronel Abraham Rivera Rivera es capturado por el coronel Rigoberto Reyes y por el Mayor Alberto Baca, cuando éste se encontraba en el río Llamales en compañía de su esposa Petrona Irías y de varios acompañantes. Rivera agotado de andar huyendo, sin armas y sin hombres, se le captura y fusila en el acto junto con su esposa y demás acompañantes siendo enterrados en un lugar llamado "Playa Hermosa".

Algunos de los hombres del General Sandino: Marcial Rivera Zeledón, Tomás y Germán Blandón (hermanos del Gral. Pedro Blandón y de Vicente) fueron perseguidos implacablemente y asesinados por patrullas de la Guardia Nacional al mando entre otros, del Teniente Edmundo Delgado (Juan Matagalpa) y sus hombres. El Gral. Pedro Altamirano (Pedrón) se internó en la montaña a pelear por su cuenta por siete años más hasta que fue también muerto por asesinos pagados por la GN. Casi todos los miembros del Estado Mayor Sandinista fueron muriendo asesinados uno tras otro, siendo el último el Gral. Ramón Raudales que muere en 1958 en un movimiento armado en contra del gobierno de Luis Somoza D. Los Somoza de esa manera sientan y afirman las bases de su Gobierno dictatorial en Nicaragua. Sin embargo los norteamericanos al terminar la guerra admitieron públicamente haber sido derrotados por el Gral. Sandino.

Muchos de los admiradores del "Héroe de las Segovias", sintieron su asesinato y se expresaron en Revistas y Diarios de la época, entre ellos estaba el escritor y político mexicano José de Vasconcelos, que le había conocido cuando él visitó México en los primeros meses de 1930 y publico lo siguiente el 1° de Marzo de 1934:"....Asesinado fríamente, canallescamente muere el hombre que durante seis años realizó la hazaña increíble de tener a raya a un Imperio. Conozco la leyenda negra que se ha tejido en torno a Sandino y aunque la creo en su mayor parte falsa, conviene recordarla, para poder decir después que, a pesar de ella, Sandino es una de las más grande figuras de la historia Iberoamericana...."

¿QUIÉNES EN REALIDAD MATARON A NUESTRO ABUELO?

Según el testimonio de uno de los participantes en este crimen, el Tnte. Abelardo Cuadra Vega, años después escribió como se había planeado todo, de la siguiente manera: “Que el día miércoles 21 de febrero de 1934, como a las cuatro y media de la tarde, mientras dirigía el training de unos boxeadores en el ring del Campo de Marte, se le acercó el subteniente César Sánchez (primo del general Somoza) y le dijo: “Dice el General Somoza, que te espera en su oficina a las seis de la tarde” y añadió: «Se trata de un asunto de mucha importancia que el General quiere tratar con algunos oficiales». Y se marchó. Con reloj en mano, cinco minutos antes de las seis de la tarde, llego a la oficina del General Somoza en el Campo de Marte, donde encontró reunidos a un grupo de oficiales. Llego completamente ajeno a lo que iba a tratarse, pero en cuanto escucho las primeras palabras y opiniones que salían de los corrillos formados en la Oficina, se dio cuenta que se trataba de solucionar las dificultades existentes entre el Gral. Sandino y la Guardia Nacional”.

Continúa relatando el teniente Abelardo Cuadra: “…fui citado junto con otros oficiales de la Guardia Nacional donde varios de los antiguos sandinistas habíamos ingresado. Se trataba de celebrar un consejo en la residencia del Jefe Director de la Guardia General Anastasio Somoza. Se nos fijaba la hora: las seis de la tarde y se nos advertía que se trataba de «una cosa muy importante».-A la hora citada, continuó el capitán Cuadra, nos reunimos el general Gustavo Abaunza, segundo jefe de la Guardia Nacional, el coronel Samuel Santos, los mayores Alfonso González, Diego López Roig, Lisandro Delgadillo, Policarpo Gutiérrez, el capitán Francisco Mendieta, los tenientes Federico D. Blanco, Antonio López B., Ernesto Díaz, el subteniente César Sánchez, el general Camilo González, otros tres cuyos nombres no recuerdo y yo, que ostentaba el grado de teniente. En total éramos unas dieciséis las personas convocadas. A las siete y media de la noche llegó «Tacho» Somoza. No saludó a todos. Después nos dijo: -Vengo de la embajada americana donde acabo de sostener una conferencia con el embajador Arturo Bliss Lane, quien me ha asegurado que el Gobierno de Washington respalda y recomienda la eliminación de Augusto César Sandino por considerarlo un perturbador de la paz del país. Un silencio profundo acogió aquellas palabras. Yo, personalmente, quedé impávido. Sabía que Sandino estaba siendo vigilado en sus viajes a Managua, pero jamás pensé que se pudiera perpetrar un crimen de esta naturaleza. «Tacho» Somoza redactó un acta. Con ello aspiraba a responsabilizarnos a todos con el acto que se iba a realizar. Nadie hizo objeción alguna antes de firmar el documento. Yo mismo lo firmé. Allí no podía hacer otra cosa. Mi primera reacción fue avisarle a mi antiguo jefe y compañero de luchas. Pronto me di cuenta que todo eso era imposible. Estaba prácticamente prisionero en las manos de Somoza que no desconocía mis antecedentes de antiguo sandinista. Cuando Somoza acabó de hablar y recoger las firmas, los allí reunidos comenzaron a hablar. Hubo quienes se envalentonaron y comenzaron a esbozar planes para eliminar a Sandino. Así hubo quien habló de ahorcarlo; otros pensaron en ametrallarlo donde lo encontraran. Finalmente se llegó a un acuerdo.

El Acta de los asesinos: “…Alguien de los presentes dispuso que se hiciera una Acta firmada por cada uno de los presentes y así se realizó. No se sabe quién o quiénes la dictaron, pero al leerse la misma, el Gral. Gustavo Abaunza objetó que ella estaba redactada de manera tan ambigua que parecía que era el Poder Ejecutivo quien ordenaba la ejecución que estaban planeando. Ante tal comentario decidieron redactar una segunda Acta después de rota la primera. El Gral. Abaunza hizo la objeción, obedeciendo al cargo para el cual había sido colocado allí (Jefe del Estado Mayor). La segunda Acta fue aprobada por unanimidad, pues era más clara la responsabilidad directa sobre el Ejército. Al momento de firmar el Acta, el Tnte. Cuadra observo que las firmas eran completamente ilegibles; y entonces propuso que todos, para asumir la responsabilidad consiguiente, pusieran su nombre en letras de molde bajo cada firma. Son firmante de un documento hasta hace muy poco considerado como secreto de Guerra llamado “Pacto de Sangre” o conocido también como “La Muerte del César…”. En el que literalmente se puede leer lo siguiente:

CUARTEL GENERAL, GUARDIA
NACIONAL DE NICARAGUA

MANAGUA, NICARAGUA

Los suscritos, miembros del Estado Mayor de la Guardia Nacional y altos oficiales del mismo cuerpo, CONSIDERANDO que el país pasa por un momento de angustia proveniente del no-desarme de las fuerzas del General Sandino, quien se había comprometido a efectuarlo el 17 de febrero pasado, valiéndose de subterfugios o imposiciones que van en mengua del buen nombre del gobierno de la Republica y del Ejercito que es la salvaguardia de las instituciones patrias; CONSIDERANDO que no nos cabe el derecho de deliberar, pero sí de robustecer la acción de aquel que tenemos como jefe superior a fin de que el en sus procedimientos este respaldado por la opinión unánime de los jefes y oficiales subordinados a su comando, ACORDAMOS dar un voto de confianza al Jefe Director de la Guardia Nacional, General Anastacio Somoza, a fin de que sus gestiones se encaminen a sacar avante el buen nombre de la Republica, de nuestro eximio gobernante Dr. Juan B. Sacasa y de la Guardia Nacional, único cuerpo armado de la Republica, que es el sostén de las instituciones nacionales.

Firmado de nuestra espontánea voluntad, en la ciudad de Managua, a los veintiún días del mes de febrero de mil novecientos treinta y cuatro a las siete de la noche. 

1.    General Anastacio Somoza García, Jefe Director de la Guardia Nacional;
2.    General Gustavo Abaunza, Jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional;
3.    Coronel Samuel Santos, Jefe de Operaciones e Inteligencia de la Guardia Nacional;
4.    Mayor Alfonso González Cervantes, Jefe de la Pagaduría de la Guardia Nacional;
5.    Capitán Lizandro Delgadillo, Jefe de la 15ª. Compañía de la Guardia Nacional;
6.    Capitán Francisco A. Mendieta, Jefe de Abastos de la Guardia Nacional;
7.    Capitán Policarpo Gutiérrez (“Coto Gutiérrez”), de Servicio Temporal en Managua;
8.    Capitán Carlos Tellería, Oficial Ayudante de la Guardia Nacional;
9.    Capitán Diego López Roig, Jefe de la 17ª Compañía de la Guardia Nacional;
10.    Teniente Federico Davidson Blanco, Oficial Ejecutivo de la 17ª. Compañía;
11.    Teniente José Antonio López, Jefe de la Policía de Managua;
12.    Teniente Ernesto Díaz, Segundo Jefe de la Policía de Managua;
13.    Teniente Abelardo Cuadra Vega, Jefe del Segundo Batallón de la Guardia Nacional;
14.    Subteniente César Sánchez, Oficial Ejecutivo de la Primera Compañía de la GN;
15.    Oficial Carlos Zelaya
16.    Camilo González Cervantes (Empleado Civil del Campo de Marte, amigo de correrías de Somoza, años más tarde nombrado General por Somoza en pago de sus servicios personales, por ciertas razones aún desconocidas).

El Gral. Somoza García, un hábil asesino, que para protegerse e impedir que mañana algunos de los implicados quisieran negar su participación en el crimen, les hace firmar un acta conocida ante la historia como la "La Muerte del César". Escogió para la ejecución del crimen a los Capitanes Lisandro Delgadillo y Policarpo Gutiérrez (Coto) y a los Tenientes Federico Davidson Blanco y José Ángel López, quienes se reúnen a solas con Somoza.
¿POR QUÉ MATARON A NUESTRO ABUELO?

Hasta hoy se ha dicho que el crimen fue meditado, planificado y ordenado por el General Anastasio Somoza García como forma eficaz de congraciarse con los norteamericanos y ganar influencia. Recordemos que el Gral. Sandino los había humillado ante el mundo en la guerra de guerrillas: “David contra Goliat”. Se conoce también que al terminar la balacera en la casa del Ministro Don Sofonías Salvatierra, el coronel Camilo González Cervantes hizo irrupción en las habitaciones y se llevó toda la valiosa documentación sandinista y unas tantas libras de oro, producto del sudor de los campesinos mineros de las cooperativas del Rio Coco, que se guardaba en la caja de hierro de Don Sofonías. Este oro meses más tarde Somoza se lo regreso a su amigo y conocedor del rico metal Cnel. Camilo González, quién lo vendió en Nueva York, al “National City Bank”, eran 768 onzas a 35 dólares la onza para esa época, dando un total de US$26.880 “dólares fuertes”, entregados luego a Somoza García para uso de sus gastos personales, dándole su comisión al Cnel. González. (Se conoce que el gobierno de los Estados Unidos puso un precio fijo en el oro hasta  1934, cuando una onza costaba US$20.67.  Pero este año eso cambio cuando el dólar se igualo a US$35.00 por onza de oro).

NOTA IMPORTANTE: Solo para que el lector tenga una idea de lo que significaba ese tesoro producto del sudor de los campesinos sandinistas que trabajaban en las minas de Wiwili y que Somoza robo esa noche. Podemos concluir sin temor a equivocarnos que conociendo el valor del oro en 1934 era igual a 35 dólares la onza, equivalente a 768 onzas (que era lo que el Gral. Sandino guardaba en la caja de hierro de Don Sofonías), lo que en la actualidad según el mercado internacional el oro se ha establecido como una inversión refugio tras el estallido de la crisis financiera: en busca de posiciones seguras, los grandes capitales de todo el mundo han recurrido al metal amarillo para capear el temporal bursátil. Así, el precio del oro al contado alcanzo el martes, 06-09-2011, máximos históricos de US$1.923,20 dólares la onza, lo que significaría que si se hubiera conservado ese preciado metal y fuera vendido en la fecha señalada, daría como resultado producto de la venta, un total de US$1, 477.017.60 (un millón cuatrocientos setenta y siete mil diecisiete dólares con 60 centavos).

Se creía también que este crimen había sido incubado en el mismo Gobierno del Presidente Sacasa y la prueba de ello es que inmediatamente de cometido ese bochornoso hecho, se estableció la más estricta censura, no dando a nadie cuenta de los resultados de las investigaciones que prometió ese mismo Presidente a raíz del crimen, y el mundo siempre espero los pormenores verídicos que de ese Gobierno nunca se tuvo. El Presidente Sacasa pudo haber parado la inevitable masacre, pero calló por temor a Somoza. Se hizo publica también en Managua la actitud del ex presidente José María Moncada, que en la misma noche en que se supo de la matanza la justificó asegurando que: “solo matando a Sandino podía haber seguridad”. Pero hoy sabemos la verdad, de todos modos.

Recientemente hemos tenido nuevas evidencias sobre el involucramiento directo del Gobierno de los Estados Unidos en este horrendo crimen. Pues se trata de un hallazgo que hizo la nieta del Gral. Emiliano Zapata, héroe revolucionario mexicano, la Lic. Margarita Zapata, en el “Archivo General de la Nación de México, Hemeroteca Lerdo De Tejada”, y quien muy gentilmente nos hizo llegar el siguiente documento que implica cada vez más al Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica en el vil asesinato del Héroe Nacional de Nicaragua, el Gral. Augusto César Sandino, y se trata de lo siguiente:

Publicado en el periódico “EXCELCIOR” de México, el 30 de junio de 1934, bajo el titulo: “UN MILITAR ASEGURA QUE EL DIPLOMATICO TUVO QUE VER EN LA MUERTE DE C. SANDINO”

SAN JOSÉ, Costa Rica, junio 29 (AP).- El coronel Ferretti, ayudante de campo de César Augusto Sandino, quien estuvo a punto de morir la noche del 21 de febrero retropróximo, hizo hoy al periódico “La Tribuna” una declaración en la que contesta al Ministro de los Estados Unidos en Managua, que negó haber tenido participación alguna en el crimen. Ferretti dice que no se trata de un simple rumor, sino de una acusación en toda forma, que él hizo en las columnas de la prensa de esta ciudad contra el diplomático yanqui, cuando llego aquí huyendo de Nicaragua. Agrega: “Yo fui testigo de la participación de Bliss Lane, pues lo vi entrar en la casa del Ministro Salvatierra, a los tres minutos de haber sido asesinado el patriota Sandino, y recuerdo perfectamente que los asesinos suspendieron el fuego, diciendo que ya venía el Ministro Americano.” Ferretti dice que quiere que el Senado americano haga una investigación respecto del asesinato, para que resplandezca la luz en este tenebroso asunto y la opinión universal conozca quiénes son los culpables. “En América todo el mundo sabe -dice Ferretti- que en Nicaragua no se hace nada sin la aprobación de la Legación Americana y que Moncada fue invitado allí a una cena la misma noche en que se cometió el nefando crimen, y todo el mundo sabe que Moncada es uno de los principales personajes de ese crimen.”

También poseemos las afirmaciones de la propia familia del entonces Ministro de Agricultura don Sofonías Salvatierra Avilés, quienes nos han contado que solamente minutos después de semejante barbarie el joven Rolando Murillo (yerno de don Sofonías Salvatierra) que se encontraba en el lugar yacía en el suelo herido en el suelo a eso de las 10.30 p.m. luchando por su propia vida con los ojos cegados de la abundante sangre que tenía en su rostro, él se desplazo a como pudo por el suelo en busca de auxilio, hasta que logro por fin hacer contacto con los pies de un hombre alto que se erguía a su redentor, logrando reconocer al propio Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, el Sr. Arthur Bliss Lanes a quien le pide desesperadamente lo ayude, al darse cuenta el Sr. Lanes que se trataba del yerno del Ministro Salvatierra ordena a los GN liquidarlo al instante, orden esta que no fue cumplida y más bien un GN amigo de la familia lo auxilio y monto en una camioneta rumbo al Hospital General de Managua, lugar donde fallece el día 17 marzo 1934 como a las 6 a.m., debido supuestamente a complicaciones de las heridas recibidas esa fatídica noche. Versión esta que fue confirmada años después por el propio primo del Sr. Murillo Rivas, mediante  testimonio del coronel francisco Solórzano Murillo.

La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Qué hacia el propio embajador de los Estados Unidos de Norteamérica en esa fatídica noche, acompañado de guardias nacionales, solamente minutos después de perpetrado semejante crimen?,  pues no era lógico que este Sr. se encontrara de casualidad a altas horas de la noche en esta casa, la cual se encontraba en un lugar apartado en las afueras de Managua, frente a la iglesia del Calvario, mucho menos en horas de la madrugada del 22 de Febrero de 1934 en los cuarteles de la GN. Todo indica que este crimen fue planificado y ejecutado por el mismo imperio Yankee, quienes veían amenazados sus intereses en la región Centroamericana.

TESTIMONIO DEL CORONEL FRANCISCO SOLÓRZANO MURILLO

Refiere el Coronel Francisco Solórzano Murillo que: “…estando en su beneficio de café y arroz que tenía en Masatepe, en el mes de Febrero de 1934, recibió una llamada telefónica de Managua en la que se le dijo que su primo Rolando Murillo quería hablar con él antes de morir, pues estaba muy mal herido, y dice el Coronel Fco. Solórzano Murillo lo siguiente: "Salí inmediatamente para Managua y cuando llegué a su casa, me llevaron a su cuarto. Rolando al verme, me dijo: "Has llegado a tiempo, pues dentro de poco me operan y ya no hubiera podido hablar contigo. Quiero contarte que como a las ocho de la noche de ayer (21 de Febrero) llegué a casa de mi suegro (Don Sofonías Salvatierra, Ministro de Agricultura del Dr. Juan Bautista Sacasa) aunque ya se rumoraba que a César Augusto Sandino y a sus compañeros los iban a capturar en la casa de mi suegro. Encontré solo a Sócrates Sandino Tiffer, enfermo en los ojos, haciéndose unos remedios. De pronto apareció el Coronel Juan Ferreti, y dijo: "Acaban de capturar al General (Sandino), a sus compañeros y a Don Gregorio (padre del Gral. Sandino y de Sócrates Sandino), así es que vámonos antes de que nos agarren." En ese momento rodeaban la casa las patrullas de la Guardia Nacional. El Coronel Juan Ferreti huyó saltando por una tapia vecina y Sócrates Sandino corrió a su cuarto. En esos momentos se oyeron disparos de ametralladoras por el lado de la Aviación y Sócrates dijo: "Ya mataron a César Augusto" Luego entraron los guardias a la casa y Sócrates sostuvo un violento tiroteo con ellos hasta que se le terminó el parque. Sócrates cayó muerto y yo (Rolando Murillo) caí mal herido de un balazo en el hígado. Cuando se terminó la balacera, se llevaron el cadáver de Sócrates y a mí (Rolando Murillo) me dejaron tendido en el suelo. Como el ministro americano (el embajador) Arthur Bliss Lane, llegara y andaba por ahí como inspeccionando, al pasar, cerca de mí, lo cogí de una pierna y le dije: "Señor Ministro, sálveme, yo soy civil, yo nada tengo que ver en estos asuntos. "No me hizo caso y al dirigirse a la puerta de salida se encontró con el Director de Policía, Meléndez, a quien le dijo algo mientras me señalaba con la mano. Enseguida se apareció un soldado de la Guardia Nacional, el que me dijo: "Te voy a rematar. "Yo le dije entonces: "no seas bárbaro! tenés familia, tenés madre, tenés esposa, tenés hijos, pues todo eso tengo yo también..."En ese momento llegó Santos Ramírez y me preguntó: "¿Qué te pasa?" "Me balearon y éste me quiere rematar." Entonces Santos me echó sobre su hombro y me llevó a su camioneta que le dicen "La Barata", me fue a dejar a la casa de mi madre. A Santos Ramírez lo echaron preso porque me debía haber entregado (entiéndase eliminado)."En este momento entraron unos hombres con una camilla para llevárselo al Hospital, donde el eminente cirujano, Dr. Rodolfo Espinoza R. realizó la delicada operación. Pero mi primo, Rolando Murillo, murió varios días después, el 17 de Marzo de 1934, y se llevó a la tumba el resto de la historia de aquel suceso sangriento."

Para nuestro abuelo Sacasa era un hombre noble y honrado, le enviaba con frecuencia informes de sus trabajos en la Comuna, le participaba con toda buena fe, sus proyectos sus éxitos, sus triunfos, sus métodos y todo se lo decía como a un hermano, de confianza ilimitada; hasta pensaba que le protegería pecuniariamente para llegar más pronto a la realización de sus hermosas esperanzas, pues ¿no beneficiaria a su patria toda antes que nadie tanta riqueza y bienestar?

Pensaba que el mismo Presidente se daría cuenta que esa Comuna Universal sería fundamental y ejemplo de inmenso progreso en el que participaría por igual todos sus habitantes, entrando en una nueva vida mejor, en una vida de igualdad de fraternidad y de felicidad sin nubes oscuras y en un corto lapso de tiempo. Le enviaba al Presidente Sacasa con mucha frecuencia productos de la Comuna, también le llevo en este último viaje un kilo de oro, sacado de las arenas del río para darle una prueba contundente del futuro hermoso de su querida Comuna, este fue su error, querer lo mejor para su pueblo, pues engendro la envidia y la ambiciones en almas viles y corrompidas que buscaron la manera de arrebatarle esas riquezas en alianza con su enemigo mayor El Imperialismo Yankee. No fue proyectado el crimen en el momento de la visita al presidente; fue engendrado desde Washington a quienes si les preocupaba la implementación de este nuevo Proyecto que se contraponía a los intereses y a la Política de ese sistema Capitalista.

Mr. Arthur Bliss Lane es designado nuevo embajador de Estados Unidos en Nicaragua el 31 de julio de 1933. Mr. Bliss Lane arriba a Managua el 28 de noviembre de 1933. Presenta credenciales como nuevo embajador de los Estados Unidos de Norteamérica en Nicaragua, en sustitución de Matthew Hanna el 7 de diciembre de ese mismo año. Sacasa propone a Sandino un nuevo viaje a Managua para una “franca discusión” el 5 de febrero de 1934; horas antes ha expresado al embajador Lane que no está dispuesto a permitir que Sandino le falte al respeto. Después de una conversación telefónica, Arthur Bliss Lane y Somoza sostienen una entrevista  el 21 de febrero de 1934. Luego Mr. Bliss Lane almuerza, con Moncada. A las seis de la tarde de este mismo día, Somoza García se reúne con dieciséis oficiales de la guardia para ultimar detalles del plan criminal.

Hoy tenemos el deber y la obligación de dar a la luz esta verdad de nuestro abuelo que resplandece en su Espiritualidad y sabemos que los criminales no han quedado impunes; nosotros bien sabemos que la Ley de la Justicia Divina no perdona; ella es la Ley que anota, pesa, cobra y paga hasta el último centavo. Tal y como decía nuestro abuelo en su Manifiesto Luz y verdad: “Que los pueblos oprimidos romperán las cadenas de la humillación con que nos han querido tener postergados los imperialistas de la tierra. Las trompetas que se oirán van a ser los clarines de guerra, entonando los himnos de la libertad de los pueblos oprimidos contra la injusticia de los opresores. La única que quedará hundida para siempre es la injusticia; y quedará el reino de la Perfección, el Amor; con su hija predilecta la Justicia Divina. Cábenos la honra, hermanos, que hemos sido en Nicaragua los escogidos por la Justicia Divina a principiar el juicio de la injusticia sobre la Tierra. No temáis, mis queridos hermanos; y estad seguros, muy seguros y bien seguros que muy luego tendremos nuestro Triunfo Definitivo en Nicaragua, con lo que quedará prendida la mecha de la "Explosión Proletaria" contra los imperialistas de la Tierra”.

Nosotros hemos perdido a un familiar muy querido pero Nicaragua y el mundo entero perdieron a uno de sus más fuertes paladines de la libertad. ¿Cuánto bien pensaba hacer en beneficio de la Humanidad entera, cuantos proyectos bullirían en su esclarecido Espíritu todo Luz todo Amor? Hoy más que nunca estoy convencido que quienes hemos sido consecuentes con sus ideales, tenemos la obligación y autoridad moral para continuar realizando este trabajo de investigación en función de la verdadera imagen que debieran de tener todos los ciudadanos Nicaragüenses y de los pueblos del mundo. Estoy sumamente orgulloso de él y comprometido a continuar su Proyecto.

Existen muchas versiones, pero estas son las más creíbles para nosotros hasta el día de hoy.

Hoy los descendientes directos del Gral. Augusto César Sandino y de sus compañeros de lucha, tenemos el deber y la obligación de dar a la luz esta verdad sobre la muerte de nuestros abuelos y sabemos que los criminales no han quedado impunes; pues conocemos que la Ley de la Justicia Divina no perdona; ella es la Ley que Anota, Pesa, Paga y Cobra con supremo dolor.

Nosotros hemos perdido a un familiar muy querido pero Nicaragua y el mundo entero perdieron a uno de sus más fuertes paladines de la libertad. ¿Cuánto bien pensaba hacer en beneficio de la Humanidad entera, cuantos proyectos bullirían en su esclarecido Espíritu todo Luz todo Amor?. Hoy más que nunca estoy convencido que quienes hemos sido consecuentes con sus ideales, tenemos la obligación y autoridad moral para continuar realizando este trabajo de investigación en función de la verdadera imagen que debieran de tener todos los ciudadanos Nicaragüenses y de los pueblos del mundo. Estoy sumamente orgulloso de él y comprometido a continuar su Proyecto.

“En Él estaba la Vida, y la Vida es la luz de los Hombres”.

AGRADECIMIENTOS

En ocasiones lo único y lo más importante que nos queda en la Vida es el agradecimiento, y por ello es que deseamos hacer público nuestra eterna gratitud a todas las personas que de una manera desinteresada han hecho posible que hoy estemos publicando esta primera revista “Siempre mas Allá…”. Ella constituye un instrumento más para la recuperación de la “Memoria Histórica” del pueblo nicaragüense. Son muchos los colaboradores; pero hoy deseamos referirnos a tres de ellos: a nuestro hermano norteamericano Michael J. Schroeder, Profesor de Historia de  la Universidad “Lebanon Valley College”, en Pennsylvania, USA; a nuestro querido hermano Stephen Sefton, escritor y periodista irlandés, que vive y trabaja para el Pueblo de Nicaragua y a nuestro querido y respetado hermano nicaragüense Clemente Guido Martínez, Director de Patrimonio Histórico,  “Alcaldía de Managua”. Sin ellos esta revista hubiera sido imposible. Gracias hermanos por esta valiosa contribución a la obra de Sandino.



Last Updated on Thursday, 01 August 2013 14:57

 

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